

En un barrio de Seattle, rodeada de un monstruoso edificio, se encuentra esta pequeña casa, que jamás fue cedida a la empresa que construiría lo que ahora es gran centro comercial.
Se trata de la vivienda de Edith Macefield quien, a sus 84 años, presenció cómo el lugar dónde había vivido durante tantos años (su vecindario) iba desapareciendo tras millonarias ofertas para que éstos vendieran sus terrenos. Todo porque allí se quería construir un centro comercial. Los clásicos hogares de docenas de familias se verían reemplazadas por tiendas comerciales y restaurantes. Edith, sin embargo, decidió no vender su casa.

Los inversionistas del centro comercial se hicieron de la mayoría de viviendas de la Zona, pero cuándo los de bienes raíces se acercaron a tocar la pequeña vivienda de dos pisos con de Edith con una oferta de un millón de dólares, ella decidió rechazarla. Los inversionistas no tuvieron otra opción, más que construir alrededor de su casa.
Y así Edith mantuvo firme su decisión de permanecer en su hogar, a pesar de los problemas que resulta una construcción de tal tamaño. Ella rechazó la millonaria oferta, pero se convirtió a partir del 2006 en toda una celebridad en su ciudad tanto que desarrolló una amistad con Barry Martin, el jefe de la construcción de quién se ganó el respeto. Fue Martin quien periódicamente revisaba la condición de Edith, le llevaba algunos alimentos y sus compras. Y fue Martin quien la llevó al hospital cuando a Edith se le detectó cáncer pancreático. Fue toda una sorpresa para el jefe de la construcción descubrir que Edith lo había hecho heredero de la casa.
Martin vendería el hogar a una firma de bienes raíces, la cual tiene planes de elevar la casa (como en la película) y construir una plaza debajo, como un tributo al legado de Edith Macefield, quien ha inspirado a muchos por su carácter persistente.
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